En un organismo sano existe un adecuado flujo de energía, es decir, sus fuerzas energéticas mantienen un equilibrio razonable. Cuando la actividad de alguna de estas energías sale de nuestro control debido a diversos factores estresantes como toxicidades, una alimentación inadecuada, exceso de estrés, emociones fuertes y negativas ocurre entonces, una interrupción en dicho flujo y comienzan a manifestarse diferentes estados de enfermedad a nivel físico, mental y emocional, desde condiciones patológicas agudas hasta las crónicas.
Así entendemos que los desequilibrios energéticos son las causas de nuestros padecimientos: como insomnio, fatiga crónica, alergias, dolores, problemas digestivos hasta diabetes, inmunodeficiencias y diversas enfermedades degenerativas.
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